Katie Dickey comparte su experiencia en Uganda.

Katie Dickey comparte su experiencia en Uganda.
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(AltoImpulso.Com)Katie Dickey sufre de atrofia muscular de la espina dorsal, pero aún así juega futbol en silla de ruedas, y estudia en la universidad. Su discapacidad tampoco le detuvo de viajar al lejano país de Uganda.

Katie llegó a África con un pequeño grupo de voluntarios organizado por el ministerio Joni y Amigos.

Cuando los niños me ven en una silla de ruedas, aunque nos vemos diferentes, tenemos la misma manera de movilizarnos, y creo que Dios me ha abierto tantas puertas para conectarme de corazón a corazón con estos niños”, dice Dickey, estudiante de la Universidad de Arizona.

El grupo se relacionó con más de cien niños en una escuela para personas con discapacidad en Kampala. Ayudaron a los maestros y a los niños en sus clases.

Los voluntarios se dieron cuenta que estos son los más afortunados, pues los estudiantes les contaron de otros niños en situaciones desesperantes.

Y hablaron de los niños con discapacidad en las aldeas, que a veces viven encerrados, o son muertos por sus defectos, y se dan cuenta de lo bendecidos que son, y del impacto que Dios ha tenido en sus vidas”, comenta Katie.

Cuando los visitantes salieron al campo, se encontraron con otras personas con discapacidad. La familia de Francis Munyiga fue asesinada por los insurgentes. Francis vive solo en una choza oscura y se sostiene reparando zapatos.

Me partió el corazón cuando escuché su historia y todas las cosas que ha sufrido. Perdiendo su familia, y la soledad del discapacitado, y no tener a nadie que le apoye o que le ame”, expresa Tommie Kessler, especialista en discapacidades.

Los visitantes le regalaron una linterna para iluminar su oscura choza. También le llevaron a una iglesia que atiende a personas discapacitadas.

Kessler comenta que la “gente, le recibieron y le celebraron. Creo que cambió su vida cuando la gente de Dios le mostró amor”.

Cambio de mentalidad

Muchas personas con discapacidad sienten que no valen nada, que son una vergüenza y una carga para sus familias.

Pero los visitantes les dieron un mensaje diferente: Cada persona tiene valor. Oraron por ellos y les mostraron afecto. Ofrecieron sugerencias prácticas a los familiares que les cuidan.

En la escuela los voluntarios dieron atención personal a los estudiantes y les enseñaron historias y canciones bíblicas.

La maestra de educación especial, Amy Esposito dice que “los niños aquí son iguales a los niños en casa. Solo quieren afecto y que pasemos tiempo con ellos. Conversé con un muchacho y me dijo que sus padres le habían abandonado al lado del camino. Y me pidió si podía buscar a sus padres cuando regrese a América. Le dije que mis padres hicieron lo mismo y no conocí a mis padres, y está bien, porque yo y dos amigos que estaban conmigo le dijimos que le queremos y que Jesús le ama, y que todo va a estar bien”.

El ministerio Joni y Amigos espera motivar y preparar a los voluntarios para que hagan misiones y aboguen por la gente con discapacidad alrededor del mundo.


Siempre dicen, queremos que Dios parta nuestro corazón con las cosas que parten el suyo, y eso es lo que está sucediendo aquí en el norte de Uganda. Veo estas familias y abuelos y no han tomado el camino fácil.
Ellos han decidido que su hijo tiene valor para ellos.
Su hijo discapacitado tiene valor en sus ojos y a los ojos de Dios
”, comenta Katie.



FUENTE: www.cbn.com


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