El arte de pintar con la boca y los pies.

El arte de pintar con la boca y los pies.

© www.altoimpulso.com

A causa de una enfermedad, sus manos ya no respondieron. Pero como la vena creativa estaba allí, irreprimible, buscaron y encontraron otras vías para liberarla.

(AltoImpulso.Com) – Hoy pintan con los pies y las manos y sus obras tienen doble valor: el artístico y el humano.

La naturaleza, retratos, bodegones, la Navidad… diversos son los motivos y las técnicas que han elegido estos artistas que han vencido a la adversidad.

Ruth Rieser pinta con la boca y prefiere los temas abstractos. “Amo mi vida, a pesar de todo”, expresa esta mujer que desde niña está atada a una cama y depende de la respiración artificial.

La parálisis corporal no le ha impedido aprender cinco idiomas, ocuparse de las ciencias sociales y trabajar como autora y pintora profesional.

Rieser nació en 1943, en un pueblo de Turgovia. Tuvo una infancia feliz con sus tres hermanos, le gustaba ir al colegio y jugar.

Una vida que cambió dramáticamente.

Sin embargo, un día, cuando tenía 13 años, despertó, se sintió mal, no podía respirar ni mover sus pies y sus manos. El diagnóstico: parálisis infantil.

Nunca más podría caminar, ni usar sus manos y tendría que estar conectada de por vida a un respirador instalado en la tráquea.

Años después, cuando escribió su biografía, el título de su libro delató este cambio en su vida: “Ich liebe mein Leben trotz allem” (Amo mi vida, a pesar de todo).

Una profesora que la visitaba en el hospital, le propuso un día intentar escribir con un lápiz en la boca, ya que Ruth podía mover un poco su cabeza.
Cuatro meses después, comenzó a pintar.

Como Ruth no podía sentarse, se le construyó una base que sostenía el papel sobre su cabeza. Sólo en la acuarela los colores chorreaban, pero ella aprendió a pintar con muy poca agua.

La pintura, razón de su existencia.

Este arte ayudó a Ruth a ver pasar el tiempo en una cama del hospital y le demostró que, a pesar de su grave impedimento físico, era creativa.

“Los primeros resultados me motivaron a continuar. Pinto motivos que recuerdo del pueblo, animales y plantas, las flores que me traen mis parientes al hospital”, señala.

Ruth pinta acuarelas y óleos, en lino y en madera. También en cerámica. Una variedad que refleja su personalidad y alegría de vivir. La enfermedad ha paralizado su cuerpo, pero mentalmente sigue siendo libre.

Desde niño quería ser artista.

Klaus Spahni nació en 1940 en St. Gall. Hasta donde recuerda, siempre lo entusiasmaron los colores y cree que esta inclinación la heredó de su madre, una diseñadora de modas.

“A los siete años recibí acuarelas, lo que aumentó mi interés por el arte”, refiere Spahni, cuya biografía y la de otros artistas está compilada en el libro “Arte, energía de vida” (Lebenskraft Kunst) de la Editorial de Arte Au, la cooperativa de pintores con la boca y los pies en Suiza.

A los nueve años, Spahni fue afectado por la parálisis infantil. Con ayuda de una fisioterapeuta, mejoró su movilidad. Primero pintó con los dedos descontrolados círculos y rayas que le divertían.

Para estabilizar la mano temblorosa, ponía el dedo en la boca y lo manejaba con movimientos de cabeza. Así pudo pintar bosques con venados y conejos, así como historias de indios.

Discapacidad no le impidió formarse profesionalmente.

Spahni empezó a sostener el pincel sólo con los dientes, con lo que su técnica mejoró notablemente. A los 15 años fue aceptado por el Colegio de Diseño de San Gall, donde estudió dibujo de desnudos, colores y diseño gráfico.

Después empezó la especialidad de dibujo científico y recibió clases de renombrados artistas. “Experimentábamos con diferentes técnicas. También estadías en París y Roma contribuyeron a ampliar mi horizonte artístico”, expresa.

En 1962, gracias a su silla de ruedas eléctrica, Spahni pudo moverse de independientemente y llegar a los lugares que quería ver. Poco después, la Asociación de Artistas Pintores con la boca y los pies (VDMFK por sus siglas en alemán) le ofreció una beca.

Se casó con otra artista.

La seguridad financiera que le brindaba esta asociación permitió al joven pintor vivir fuera de su país, primero en París y luego en España.

En 1968 Spahni se casó con la artista Katharina Baus. Aunque la vida en pareja facilitó la vida cotidiana, la pareja decidió no tener hijos, que en su situación “se habrían convertido en una carga.
Lo que no nos impide pintar con niños o tocar música”, indica.

“Mi esposa y yo utilizamos diferentes técnicas, pero pintamos juntos. Los cuadros que creamos son como nuestros propios hijos- los apreciamos y no nos gusta separarnos de ellos”.

Su vida dio un giro hacia la felicidad.

Pero antes pasó un largo tiempo de infelicidad. Rosmarie Weber nació en 1947, en St. Gall. Hasta los cinco años creció con sus abuelos, porque sus padres se habían divorciado.

De niña quería ser enfermera, casarse y tener niños. Pero un día enfermó tan gravemente – también fue afectada por la parálisis infantil – que estuvo tres meses en el hospital, en coma.

Cuando despertó, una mujer a la que no reconoció de inmediato como su madre, estaba a su lado. Después de una larga estadía en el hospital, se fue a vivir con su madre y su padrastro.

Fue al jardín de infancia, de ahí a un hospital zuriqués, donde aprendió a escribir con un lápiz en la boca. Después llegó a un hogar infantil, donde hizo amistades y se formó como asistente de oficina.

Rosmarie soñaba con salir al mundo y ser independiente financieramente. Se mudó a Basilea, donde siguió un curso para discapacitados. Esta mirada optimista al futuro no duró mucho.

Sólo le faltaba conseguir un empleo, sin embargo sus esperanzas se desvanecieron: por su discapacidad, nadie quiso emplearla. “No quiero recordar más de ese tiempo”, expresa hoy.

El extraño que cambió su vida.

En 1968 Rosmarie volvió al hospital para una operación a la columna, a la que le seguiría después otra. Un día de 1972, un hombre se le acercó en la cafetería del hospital.

Fue una conversación amable. Karl se despidió y al día siguiente regresó con un ramo de flores. Así comenzó una amistad que profundizó hasta llegar a un matrimonio felíz.

“Un problema puede juntar a las personas”, refiere Rosmarie. “Hemos aprendido a luchar juntos y a apoyarnos”.

En 1986, Rosmarie se decidió por la pintura, para la cual tiene mucho talento. Este hobby y la filiación a la VDMFK, que le permite tener contacto con otros artistas discapacitados,
son sus otras grandes alegrías.

swissinfo, Rosa Amelia Fierro.


Bookmark and Share